La témpora del pábulo cárnico

Cómo me desprendo de estas bandurrias mal tocadas,
será que perdí el dedeo con que iteraba entre tus pliegues,
será que acostumbrado estoy a ti en decúbito supino,
o mefítica sabe ya tu esencia a mi nariz indocta.
No hallaron crepúsculo mis caderas noctámbulas,
a causa de la, durante perpetuos soles, inanición cutánea;
sorbía besos sobre escorchadas dermis,
que repartía luego más esofágicos que estuantes.
Y mientras mecía la columna mal izada,
quise redhibir el pacto de cómplice lascivia,
que atizamos ilusos desgarro tras mordida,
y cuya defección forcé al dejar súbito la cama.
Te retiraste onanista entonces sobre el suelo mojado,
atenuando el rubor de las mejillas, la comezón de los senos,
mientras desiderativo oliscaba yo en mis dedos tu cuello,
a destiempo ávido del sudor bajo tus piernas.
(2006)

2 Comments:
No escribes como alguien de 21 años, escribes con la embriaguez que me gusta tocar
es como bien universal la descripcion,en todo caso."No hallaron crepúsculo mis caderas noctámbulas,
a causa de la, durante perpetuos soles, inanición cutánea;
sorbía besos sobre escorchadas dermis,
que repartía luego más esofágicos que estuantes" desde este palco digo con toda propiedad que bien dibujaste la urgencia de cuerpos en esos instantes en que solo el contacto de la piel es capaz de llenar los vacios de las palabras que no se acaban de decir.manos poniendo puntos y comas,besos a medias, entre risa y desesperacion por la fatal finictud...como prolongarte en esos estados??? lo sabremos en alguno que otro equinoccio,i guess.
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